Hay lugares que cuando deciden dejar de estar vivos, no cierran sus puertas. Se quedan allí, callados, con las luces apagadas y los salones vacíos, esperando a que alguien vuelva a mirarlos con atención. Este es uno de ellos: un edificio enorme, casi desafiante, que conserva en cada pasillo el eco de una época en la que las celebraciones llenaban sus estancias de luz, música, brindis y platos humeantes.
Al entrar, uno no encuentra simplemente un espacio abandonado. Encuentra los vestigios de un gran restaurante. Las salas todavía conservan esa amplitud pensada para bodas, banquetes y comidas de familia, cuando las mesas se alineaban durante días y las copas brillaban bajo las lámparas. Se imagina a los camareros cruzando los pasillos con bandejas llenas, el murmullo de los invitados, las risas que se mezclaban con el ruido de los cubiertos y las canciones que alguien pedía una y otra vez, como si la noche no quisiera terminar.
Hay detalles que delatan su antigua vida. Una puerta entreabierta. Un suelo que guarda las marcas de tantos pasos. Ventanas por las que antes entraba el sol de las comidas de mediodía y, por la noche, el reflejo de las luces de los coches de los invitados. Todo parece dormir, pero nada parece haber olvidado.
En un rincón, casi como si hubiera sido olvidado a propósito, aparece la antigua casa del guardés. Es el lugar más íntimo de todo el conjunto. Allí sigue un piano, con su madera desgastada por el tiempo, como si en cualquier momento alguien pudiera sentarse y volver a tocar aquella melodía que acompañaba las noches largas. Junto a él, un pájaro disecado observa la escena desde su percha, inmóvil pero presente, testigo silencioso de todas las historias que ocurrieron en aquellas paredes.
Quizá nunca hubo un pianista famoso. Quizá el pájaro no vio nada más que polvo, cortinas y silencio. Pero la imaginación hace el resto: convierte un pasillo vacío en un desfile de novias, una sala amplia en una fiesta interminable y una casa pequeña en el refugio de quien cuidaba, noche tras noche, de que todo estuviera en orden.
Uno puede pasear por allí y sentir que el edificio sigue respirando. No con el bullicio de antes, sino con esa respiración lenta de los lugares que han vivido mucho. Cada salón parece guardar una celebración distinta: una boda con lluvia fuera y baile dentro, un aniversario con discursos largos, una comida de empresa con brindis improvisados, o simplemente una sobremesa que se alargó más de lo previsto.
Hoy el restaurante ya no recibe invitados, pero algo permanece. No son solo los muebles, las lámparas o los salones. Es la sensación de que, detrás de cada puerta cerrada, todavía queda una celebración a punto de empezar. Como si el tiempo, en vez de marcharse, hubiera decidido quedarse a cenar.
***
*Exploración hecha junto a Fran Globetrotter en marzo del 2022.

En la casa del guardés este piano y su fiel vigilante, dan la bienvenida al visitante.

De estos servilleteros había más de 30.

Me enamoré de este viejo calendario de Coca-Cola
Esta Fanta Naranja pasó ya a mejor vida hace mucho tiempo
La grandeza de otros días se mide hoy en silencios
Cada salón conserva el espacio de una alegría que el tiempo no supo guardar
Una trágica y recordada noticia: la muerte de Grace Kelly a principios de los 80.
En un abandono no pueden faltar las noticias de crímenes
Más sobre la muerte de la mítica Grace Kelly
Salón de la casa del guardés
Un pequeño botiquín caducado desde hace décadas en la casa del guardés del complejo
Esta televisión parace más moderna que las anteriores
Habitación de la casa del guardés
Aquí el guardés pasó inumerables sobremesas
Ha llovido mucho desde entonces
Un viejo y olvidado transistor, fiel compañero de días ya lejanos.
En la casa del guardés no faltaba este bonito piano con su pájaro disecado encima,
¡Menudo susto nos dió!
Una foto de una de lasa tantas bodas celebradas aquí
¿A un niño se le olvidó?
En el suelo permanecen las huellas de un mundo que hace tiempo dejó de existir.
Detalle de un albarán del arroz SOS, otro de DANONE y una nota de un camarero.
Pequeña caja de caudales oxidada por el tiempo.
Una vieja television que fue testigo de muchas alegrías pasadas.
Esta televisión lo ha dado todo.
¡Debería estar en un museo!
Los pasillos conducen a habitaciones vacías y a preguntas sin respuesta.
Las fiestas terminaron, pero el escenario permanece intacto en su melancolía.
Aquí hubo motivos para celebrar. Hoy, hasta las paredes parecen guardar silencio.
Cuarto de mantenimiento con múltiples enseres.
Un viejo tocadiscos en una de las salas de fiesta.
Perlan, mítico suavizante de los 80.
Encima de esta mesa cubierta con rojas sedas, hubieron muchas tartas nupciales.
Barra del bar principal.
El Salón Marta en su eterno ocaso con dorados cortinajes viejunos.
De lo que más vimos, fueron copas y copas por las decenas de salones y estancias.
Vestigios de un curioso tambor del Barça.
Parece que fue un soporte de alguna tarta nupcial.
El generador pintado de un azul intenso se conserva perfectamente.
Cientos de cucharillas de helado de todos los colores esparcidas por el suelo.
Platos y platos amontonados en una de las cocinas.
Detalle de la nevera y su marca, una joya de antaño que aún se conserva muy bien.
Los canelones "La Teresita" aún existen y están fabricados en Vilafranca del Penedès.
Letras esparcidas y olvidadas, que anunciaron el complejo hace más de 2 décadas.
Cubiteras ochenteras de las que teníamos todos en casa.
"Zotal, un clásico del mundo Urbex.
Mayonesa Calvé, aún pervive en nuestras mesas.
El clásico sillòn de sky de toda la vida.
Uno de los juguetes más deseados de Mattel por los niños de los 80.
¿Quién quiere un plato?
Otro gran clásico de toda boda y banquete.
Y más publicaciones sobre Grace de Mónaco, en un especial de "Garbo"
cuando la princesa falleció tragicámente el 14 de septimebre de 1982 a los 52 años.
¡Chupetín! Todo niño de aquellos años se bañó con estos exquisitos geles y jabones.
Ya de avanzada madrugada, Fran Globetrotter y yo nos despedimos de este gran complejo tras 3 horas de exploración intensa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Muchas gracias por tus comentarios.Muy amable.Un saludo.