martes, 30 de enero de 2018

El centro del Dr.Moreau o el misterioso laboratorio de investigación (del que todos negaban su existencia).

Esta localización empezó siendo una cosa, para luego convertirse en otra, y más tarde en una muy diferente. Habíamos escuchado rumores sobre la existencia de un nuevo colegio abandonado. El lugar era bastante desconocido y al parecer ofrecía bastantes posibilidades para ser fotografiado. En el pasado otros enclaves similares, como el añorado centro de Sant Llorenç Savall, nos habían traído numerosas sorpresas.

Por otro lado atravesábamos una larga temporada en la que habíamos comprobado que la exploración urbana parecía estar en declive. Muchos de los edificios visitados estaban literalmente agotados, mientras que algunos hallazgos nuevos no terminaban de reportar alicientes que fueran adecuados para ser reseñados. Colegios, casas y viejas fábricas eran pasto del vandalismo, o directamente siendo derribadas, apagando su vida y pasado para siempre.

Tras las investigaciones debidas este nuevo urbex no tardó en aparecer. La visita al mismo se realizaría en la mañana del día de Año Nuevo, lo que nos garantizaba total tranquilidad. 2018 amanecía con un día soleado, con las calles solitarias y con el concierto de Viena sonando en la radio del coche. Poco antes de que interpretasen la mítica marcha Radetzky, el edificio aparecería entre unos árboles.

El primer contacto con él arrancaría en un gran hall, del cual partían varias escaleras que subían al piso superior. Fue entonces cuando nos empezamos a percatar de que aquello no era una colegio, tal y como nos habían anunciado previamente. Estas instalaciones estaban más cercanas a un instituto o centro de formación profesional. 

Nuestra sorpresa vendría cuando, en el segundo piso, empezaron a aparecer aparatos médicos junto a zonas dedicadas a la experimentación científica. En ese instante, este inocente colegio se convertiría en un centro de origen extraño. Era inevitable que en nuestra mente surgieran ideas peregrinas acerca de las investigaciones que allí se llevaban a cabo. Estas ensoñaciones, derivadas principalmente de haber visto demasiadas series y películas, se rompieron en el momento en el que empezamos a escuchar pasos. No estábamos solos.

Y efectivamente así era, ya que al acceder a una de las áreas, un grupo de sombras se levantaría de sus escondites tras el mobiliario. No nos permitimos el lujo de preguntar quiénes eran. Cerramos la puerta y los dejamos en su interior. ¿Serían producto de nuestra imaginación? ¿Eran algunos sujetos abandonados con los que experimentaban en el lugar? ¿Serían humanos que habían perdido sus capacidades más elementales? Dejamos estas dudas a quien se atreva de nuevo a adentrarse por sus pasillos.

Agradecimientos especiales a nuestro amigo urbexófilo Flech.  


¡Parece el apocalipisis Zombie!


     Unas escalinatas nos reciben ante tal imponente complejo.

   La sala de actos era grandiosa ¿Qué actos celebrarian?



La zona de los ascensores muy deteriorada.


  La recepción con mil trastos tirados por los suelos.


Sala de archivos.

     La escalera imponente invita a subir y descubrir más de este enigmático enclave.



Patio interior y pasillos con camilla incluida.

 ¿Quién quiere un mousse o teclado?

 Varias vistas del misterioso laboratorio.




  ¿Para que los utilizarian?

     Largos pasillos y decenas de estancias.



      Vista parcial del 2º piso.




   Los clásicos tampones TRODAT PRINTY.

  Sala de material de oficina.

    Estancias vacias y más estancias...





     2 vistas más parciales desde la 2º planta.


 El ascensor con la puerta forzada y una escalera de caracol que ascendía a la azotea.





 Armario con productos químicos.


 Este sillón aún se conserva bien.


 ¿Un purito Cohiba, Sr?

 Sala de cocina.


 Las banderas que no falten.


 Diferentes vistas del bar-cafetería.

 


 Más vistas de la planta 1ª.
 


 Vistas parciales exteriores del edificio.





 El complejo está apartado en un tupido bosque.





 Ala este.



 
El edificio contaba con un inmenso parking.





 ¡Hasta parking de bicicletas!




 Había muchos PC´s tirados por fuera.


 Vista trasera del complejo.


 Extintor y piezas informáticas esparcidas por el exterior.




 Salgan ustedes.

 Rampa de acceso trasera.


 Esta escalera nos fascinó con su vetusta barandilla y la fotografiamos desde diversos ángulos.

 Una vieja pala apoyada en una puerta de salida.¿Sería del jardinero?


    Los sellos a buen recaudo.


 
Más vistas exteriores.








 Otra vista del párking.





 Vista desde abajo de la rampa trasera de entrada.


















   

 Nos marchamos de este curioso enclave con muchas preguntas sin respuesta







lunes, 25 de septiembre de 2017

La última vendimia del gato momificado


Septiembre es tiempo de vendimia. Los campos de vides se llenan de trabajadores con el destacado propósito de llevar una buena copa de vino a nuestras casas. Las masías se preparan para recibir la uva, y las bodegas ponen en marcha su maquinaria. Las técnicas se han modernizado, haciendo que el producto lo podamos adquirir tras pasar un riguroso proceso de elaboración. Pero en otra época y en otro tiempo no tan alejado de éste, los vendimiadores se dedicaban a hacer todas sus tareas de manera manual. Hombres y mujeres que dejaron su piel en esta fértil tierra, sentando las raíces de un arte que viene desde épocas romanas.

En el reportaje de hoy nos adentramos en uno de esos caserones que sirvieron de bodega a principios del siglo XX. Una casa perdida en una entramada red de carreteras locales, con un pasado bastante turbio y desasosegante para todos los amantes del buen vino. Se dice que en este enclave vivía un matrimonio con sus dos hijos y un gato, pero un buen día, sin mediar palabra, todos terminaron desapareciendo. 

Nadie reclamó la casa, ni tampoco se pudieron hallar a sus moradores. Rumores en esta zona vitivinícola hablaban de gritos en la noche. Un lugareño nos llegó a decir que su abuelo, cuando era niño, llegó a escuchar a sus mayores hablar de un crimen en aquella casa. Según aquellos hombres rudos de montaña, el dueño de esta masía, hoy ruinosa, había acabado con la vida de su familia, ahogándolos en las tinas de vino, aprovechando el proceso de fermentación del mismo. Aquel testigo oral, con la voz temblorosa y con los ojos vidriosos al recordar semejantes sucesos, tenía aun viva la imagen de estos cruentos acontecimientos. 


Según él, amparado por esa fuerza que nos da la juventud, se acercó hasta la finca para comprobar si todo aquello era verdad. Allí no había nadie, salvo el maullar débil de un pobre gato encerrado en una de las habitaciones. Nuestro testigo logró que el pobre animal se zafase de su prisión, e incluso llegó a alimentarle durante las siguientes semanas. Pasados los años el contenido de las tinas de vino empezó a bajar. Su aspecto fangoso convertía a aquel lugar en una zona peligrosa para los más pequeños, por lo que se optó en no volverles a dejar entrar. Fue entonces cuando otros rumores comenzaron a cercenar el ambiente, ya que el cierre de la finca, al parecer se debió, a que en su interior, se encontraron los cuerpos sin vida de una mujer y dos niños.

Aunque apenas eran reconocibles, ya que solamente quedaban un montón de huesos producto de la desintegración. Y del gato nada más se supo, pero claro, en ocasiones, a los expedicionarios de abandonos nos aparecen cadáveres, que dan fe contundente de habladurías y diretes solo tomadas por validas en los “mentideros” de los pueblos.


 He aquí el protagonista de nuestra historia
Vista general de la momia 
Esta estancia debió ser el comedor de la malograda família
Escaleras que suben a la segunda planta
Vista general de la casa del asesino

Entrada
Una caseta de enseres
La cocina en estado ruinoso

En este tipo de viviendas no puede faltar este tipo de sillas de mimbre
Lavadero
2 herraduras de caballo en la pared

La letrina del vinatero



Foso que conduce a una de las tinas donde se supone fueron encontrados los cadáveres.

Iniciales del vinatero, del cual, nada más se supo tras los crímenes.


Lugar donde probablemente cenó la familia  en la noche de autos.