viernes, 23 de septiembre de 2022

La casa quemada del Resplandor

Es curioso, llevábamos años pasando por delante de este chalet, pero nunca nos habíamos decidido a entrar. El final de la calle donde se encuentra, siempre ha sido el parking cuando vamos de visita a uno de nuestros pueblos abandonados favoritos. Sin embargo, aquella tarde, de comienzos de verano, era diferente. No podíamos bajar por el tortuoso sendero debido a un percance que habíamos tenido con una de las botas de montaña. Y, como no queríamos quedarnos sin explorar, tomamos la firme de decisión de buscar una alternativa diferente.

Se trata de un chalet que formaba parte de una urbanización escondida en la montaña. La especulación inmobiliaria y diversos problemas, relacionados con el abastecimiento de la luz y agua, hicieron que muchas casas, como la que vais a ver a continuación, terminasen en el olvido. No obstante, algo de vida debió tener en su momento, dada la cantidad de detalles que nos íbamos encontrando. 

Lo primero que nos llamó la atención fueron las películas esparcidas por el suelo, entre ellas la cinta en VHS de "El resplandor". Ver la carátula nos produjo un escalofrío. Venían a nuestra mente innumerables escenas de esta película de Kubrick, la cual, por cierto, transcurría en un hotel completamente abandonado por sus huéspedes. Con el miedo de  encontrarnos con la familia Torrance, procedimos a adentrarnos en esta casa. El olor a quemado era penetrante, y los juguetes en el suelo nos recordó lo efímeras que son las experiencias infantiles. Quizás, en la actualidad, un adulto recuerde en alguna ocasión lo feliz que era con alguno de esos juguetes.

       

                             

                                                  Un Snoopy quemado nos da la bienvenida a la casa. 

Exterior del chalet completamente engullido por la naturaleza.              


Diferentes envases se encontraban esparcidos por el suelo.





Fotos de juguetes y otros objetos, las cuales, al ponerlas en blanco y negro, dotan a la imagen de una mayor tenebrosidad. 





Los destrozos fueron imparables en este chalet. Ni la farola aguantó los actos vandálicos. 


Medio vinilo, encima de un ladrillo, que jamás volverá a sonar. 


Jack Torrance nos vigila con su cara heladora desde esta vieja cinta de VHS. 


Extraño artefacto similar a un zueco. Quizás un porta velas. 

La casa, en un momento de su historia, debió sufrir un incendio parcial originado, con toda probabilidad, desde esta chimenea. 


Los efectos del fuego se hacían notar en muchos de los objetos. 

Un peluche abandonado a su suerte entre tanta ruina y destrucción. 



Muchos juguetes estaban tirados por los suelos. Algún niño debió ser feliz con ellos en algún instante de su vida. 





La televisión sufrió temperaturas muy elevadas hasta el punto de deformarse en un amasijo.



Más y más juguetes fueron pasto de las llamas en aquella noche infernal. 



Edificio anexo al chalet salvado de las llamas. 

Curioso encontrarnos con este resto de una escuela de diseño de Madrid, donde curiosamente estuve grabando un pódcast en 2020. 






Sin duda los dueños de la casa tenían gustos cinéfilos bastante eclécticos. 

Cintas y cintas de VHS que algún día formaron parte de una colección.