martes, 3 de febrero de 2015

El reducto carmelita

Entre las montañas más recónditas de nuestro país se yergue un edificio abandonado de un antiguo monasterio. En sus habitaciones, los monjes carmelitas, ya no rezan desde hace décadas.Un lugar ideal para hacer retiros espirituales y encontrarse con uno mismo.

En un solitario y escabroso paraje,  se encuentran las enormes ruinas de un antiguo Convento de Carmelitas Descalzos de finales del siglo XVII que fue abandonado definitivamente en 1835. 

La propia Orden de los Carmelitas Descalzos fundó otro convento en esa misma época en el denominado “Desierto de Las Palmas”, en la comarca de la Plana Alta de Castellón, en una zona montañosa y de rica vegetación que ha sido declarada recientemente Parque natural. En ambos casos, la denominación de “desierto” está relacionada con despoblación o desertización humana y no con ausencia de vegetación pues estas zonas agrestes y solitarias, elegidas como lugares de retiro y oración por los carmelitas, poseen desde antiguo una gran riqueza y diversidad natural.

Lamentablemente, en la década de los 90 del pasado siglo toda este sector sufrió un pavoroso incendio en el que ardieron cientos de hectáreas del denso pinar que lo cubría. El aspecto actual de monte raso con predominio de arbustos obedece a ese reciente incendio. No obstante, está teniendo lugar un proceso de regeneración natural del antiguo bosque  y, posiblemente, en unas décadas toda esta gran extensión de terreno volverá a alcanzar su aspecto anterior.

La fundación de este monasterio se remonta a 1680 cuando los religiosos de la Orden de los Carmelitas Descalzos decidieron instalarse, atraídos por la belleza y aislamiento de un apartado y singular paraje, en una antigua torre o casa de campo, llamada Torre Alginés, propiedad de la orden de Calatrava. Tras acordar el pago anual de cierta cantidad de dinero a la Encomienda de Calatrava, cuya sede se encontraba en Alcañiz, los carmelitas tomaron posesión del lugar, previa autorización del Rey Carlos II, en 1682. Las obras del convento, dedicado a San Elías, se prolongarían hasta 1701. Sin embargo, tan solo cuatro años después, en 1705, como consecuencia del la Guerra de Sucesión, en la que Calanda y el propio convento tomaron partido por el archiduque Carlos de  Austria,  el lugar fue asaltado e incendiado por un grupo de unos 200 hombres partidarios de Felipe V de Borbón. Tras comenzar la restauración del convento, en 1708, las obras y reformas continuarían hasta finalizar la construcción de su gran iglesia en 1728.

Sin duda es un edificio único en su género, y muy desconocido por la comunidad urbex. Una auténtica meca del abandono, de ineludible visita para todos los exploradores del misterio y de los lugares perdidos en el tiempo.




La fachada posterior del monasterio nos da la bienvenida


La puerta principal y nuestro coche con el que pudimos llegar sin problema gracias a un camino bastante acondicionado.



Diferentes fotos de uno de los pasillos posteriores.
A través de una de las ventanas vemos el paraje que nos rodea, absolutamente desértico.

Un pozo que se hunde en las profundidades de la tierra.



Diferentes ángulos del pasillo posterior del edificio.

                                   
El camino rodeado de montañas que nos lleva hasta el monasterio abandonado.
Exploramos los alrededores y apenas encontramos unas viejas ruinas de posibles corrales.

De nuevo regresamos a la puerta principal.
Detalle de la hornacina completamente vacía desde hace décadas.
La puerta nos invita a entrar al interior de la iglesia.
Las arcadas se mantienen unidas a pesar de los años.

Vista desde la puerta de entrada a la iglesia.


Una de las cúpulas se mantiene prácticamente intacta desafiando a la gravedad.


Detalle de los capitales del conjunto arquitectónico.


Diversas vistas de la nave principal de la iglesia.



Paredes que rodean al claustro.
Jardín interior del claustro.






El peligroso pozo en medio del jardín 












Posibles celdas de los monjes completamente hundidas.
Desandamos el camino y volvemos al exterior atravesando la nave principal de la iglesia.
Caminamos más allá del monasterio para captar una serie de fotografías desde otros ángulos.







Desde abajo podemos observar la grandiosidad del edificio.

El otoño mostraba sus mejores colores flanqueando el camino.



Una puerta nos invita a entrar a una posible cuadra o corral en los alrededores.






Regresamos por el camino vigilados todo el rato por el monasterio.








Volvemos al interior del edificio principal, visitando diferentes áreas derruidas.
Varias hornacinas muestran el hueco donde antes había figuras de santos.

Algunas de las alas del monasterio muestran una ruina peligrosa, que nos hace extremar las medidas de seguridad.



Escombros que evidencian el expolio continuo que ha sufrido el monasterio.


Vestigios de una chimenea de una de las estancias.

Los restos dan pistas de como fue la vida cotidiana en este lugar.

martes, 27 de enero de 2015

La fábrica tapiada de los lobos


 Después de casi dos meses sin publicar ningún reportaje, volvemos con esta fábrica abandonada de aguas férricas.No tenemos muchos datos de su historia,aunque hemos podido constatar por fuentes externas,que se dedicó a embotellar agua carbónica de una de las numerosas fuentes  subterráneas que hay por el bucólico paraje donde se encuentra.

Según la hemeroteca local, la empresa cerró en los años 70  debido a que se generaban restos de óxido en las botellas de cristal y  los clientes no confiaban mucho en tan medicinal producto.

En los años 30 estas aguas gozaron de su esplendor y fama, y se anunciaba en los  periódicos más importantes de la época, en  donde se hacia eco de sus medicinales propiedades.

Véase este ejemplo:

Agua de.... Pidase en Hoteles y Restaurantes. Exquisita agua de mesa; verdaderamente específica en irritaciones intestinales, agudas y crónicas, diátesis renal, resolución de cálculos, linfatismo y convalescencias de procesos agudos".

"Es la más reconstituyente de las aguas conocidas."

Quién diria que años más tarde estas propiedades tan beneficiosas serian el detonante de su declive y cierre perpétuo.

El paseo hasta la fábrica es una agradable vereda que invita al disfrute dominical.Una vez dentro, pudimos ver unos grandes lobos grafiteados en sus numerosas dependencias, además para nuestra sorpresa, todos los accesos estaban recientemente tapiados por un cemento aún fresco.

Disfrutad de las fotos y hasta muy pronto con otro reportaje sobre un urbex muy especial que le tenemos un gran cariño.

¡Estad atentos a la Retina porque ha vuelto cargada de nuevos reportajes fotrográficos de lugares fascinantes y pretéritos!

 
Naves y puertas tapiadas

El cemento aún fresco y una cara gigantesca vigilaba grafiteada
Aquí aún se puede apreciar mejor el cemento que tapiaba todas la entradas posibles
Ventana y torre eléctrica

Ruinas de una de las naves
Otra perspectiva

Uno de los lobos enormes que custodian el lugar

Detalle de los helechos que devoran el lugar
Dos casitas de perro ( Poppy se llamaba uno de ellos )¿Sería tan grande como el lobo?
Poppy parecia grande a juzgar por esta casita y sus comederos
Vista parcial de la fábrica de aguas ferrosas
Parte trasera
Detalle de ventanal

Ventanales traseros


Se podia ver el  desvencijado interior
Esta parte es la que más nos gustó


La tercera caseta y un fregadero



Otro poste eléctrico
A pesar de no haber podido entrar dentro de sus naves nos llevamos una buena impresión general de esta bucólica fábrica abandonada.