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viernes, 15 de abril de 2022

El pueblo olvidado en la cima de los vientos

Desde hace un tiempo teníamos pendiente lanzar este reportaje. Rescatamos de los archivos de nuestra retina una serie de fotos que hasta el momento no habían salido a la luz. Una manera estupenda de retomar el contacto con nuestros seguidores tras unos meses de ausencia.

Casi por casualidad, en una de nuestras salidas de verano, dimos con un pueblo olvidado en el tiempo. La llegada fue a través de un tortuosa carretera, por la que apenas transita nadie ya. Lo primero que nos llamó la atención es la situación de este emplazamiento, en la cima de una montaña, la cual, aunque no excesivamente elevada, ponía a merced de los elementos a todos esos edificios. No era difícil de adivinar la dureza climática que sufrirían muchos de sus habitantes. Las ruinas que teníamos a nuestro alrededor hablaban por sí solas. Un lugar ignoto sobre el que hemos intentado investigar y nada apenas hemos encontrado. ¿Por qué se sometió a tal olvido a este pueblo? Mientras nos hacíamos estas y otras preguntas, fuimos recorriendo las distintas casas. Aquellas construcciones querían hablarnos, pero el lenguaje del pasado en ocasiones es dificil de entender. Un tiempo muy diferente al nuestro, y aunque tengamos cierta capacidad de visualizarlo, ni por asomo arañaremos la superficie de sus historias. 

                                    

Cada hueco nos hace contemplar las ruinas desde perspectivas evocadoras.


Desde la carretera se observa una pared enorme que da acceso al interior del pueblo.


Parece un puente, pero probablemente sean los arcos que sostenían uno de los edificios. 




En todos los abandonos, los arcos suelen siempre desafiar al tiempo y los elementos. 




Otra vista, desde otro ángulo, de los arcos del edificio principal. 


Una puerta nos invita a entrar, lo que encontremos al otro lado es la ruina más absoluta. 




Las nubes, de un día tan claro como este, dan lugar a fotografías de enorme belleza y soledad.


Un extraño vehículo aparece aparcado en una cuneta. Quizás no estemos tan solos como creíamos. 


¿Letrinas o la pica de la cocina?





Este edificio, con grandes ventanales y vigas, debía ser espectacular en los tiempos en los que albergó vida. 


Con un poco de imaginación vemos en esta foto la boca abierta de una criatura del pasado. 




El acceso a la bodega tenemos que hacerlo con mucha precaución. Esos agujeros se abren a una caída de varios metros de profundidad. 



La estructura esquelética del edificio resiste a pesar las décadas o incluso siglos desde su construcción.
 



La naturaleza, como suele ser habitual, va adueñándose de lo que en otro tiempo fueron calles. 


Una lata de Coca-Cola enterrada, todo un clásico en los pueblos abandonados. 



Se adivina un intento de reconstrucción de uno de los edificios. Pero igual de abandonado que el resto del pueblo. 

domingo, 6 de abril de 2014

El pueblo de la colina

Las ruinas de este pequeño pueblo las descubrí por casualidad navegando por la red de redes una lluviosa tarde de domingo, y como estaba cerca de casa, nos aventuramos en su búsqueda, gracias a esa maravilla llamada Google Earth. No es un lugar muy conocido ni visitado por los amantes del abandono, si es muy frecuentado por excursionistas aunque cuando lo visitamos no nos encontramos a nadie.

Este pueblo está situado en lo alto de una colina de unos 140 metros, a unos 15 minutos del núcleo urbano.Tras una corta pero intensa subida de unos 20 minutos llegamos a la cima. La vista que se divisa es espectacular.Una soleada mañana de domingo nos obsequió con una magnífica panorámica de mar y montaña, pero lo más interesante, son los vestigios de lo que fue un pueblo de origen medieval, datado del siglo XI y que estuvo habitado hasta mediados de los años 50 del pasado siglo.

Había llegado a tener 16 casas, agrupadas entorno a una calle central.Su estructura urbana es muy simple: una calle central y otra formando una anilla que rodea todo el núcleo. La mayoría de las casas tienen una base de piedra en base de muro. Los tejados son sostenidos con envigados mayoritariamente, a pesar de que algunas casas disponen de bovedillas. Casi todas disponen de planta baja y un piso, presentando algunas entradas a base de arcos de medio punto de piedra cortada y otros de tipo ojival.

También podemos observar los lagares para hacer vino y los hornos de pan en algunas casas.

Curiosamente no vimos ningún resto de iglesia ni campanario y aunque buscamos sus orígenes no supimos encontrarlo.

Esperemos que disfrutéis del reportaje.

 Una de las primeras casas situada en la falda de la colina


 Conjunto de casas
 Restos de uno de los arcos de medio punto que aún se conservan

 Horno de pan
 Este tejado aún se conserva 
 Otro arco de medio punto
 ¡Un orinal y todo!

 De todos los arcos de medio punto este es el que en mejor estado está


 Otro horno de piedra para cocer el pan
 Pared del interior de una de las casas
 Restos de lo que pudo ser una alacena

 Restos de una puerta de madera
 Un fregadero de piedra partido en dos en el suelo
 Detalle de ventana
 ¿Posible cementerio?

 Arco ogival


La vegetación entre las ruinas es la típica mediterránea

 Vista desde lo alto de la colina


 Detalle de una puerta

Camino de regreso